¿Cómo volveríamos después de vivir un año en Marte?

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La mitad de la cabeza afeitada y otras aventuras de los científicos que pasaron un año simulando un viaje a Marte.
Después de pasar un año aislados, este domingo aparecieron detrás de las puertas de una cúpula blanca tres hombres y tres mujeres. Venían de “Marte”.
El grupo había estado compartiendo un espacio de apenas 111 metros cuadrados, sin aire ni comida fresca, y mucho menos privacidad, desde el 29 de agosto del año pasado.
En realidad estaban en las planicies de piedra volcánica roja de Mauna Loa, enHawái, EE.UU.
Pero la idea era simular una misión humana en el planeta Marte, el proyecto Hi-Seas de la universidad de Hawái financiado por la NASA.
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Sólo salían de su guarida cada dos días y medio para “misiones marcianas” en las que debían realizar tareas específicas que le dictaban desde el centro de control de “Tierra”.
Y debían hacerlo enfundados en sus trajes espaciales.
Pero como sólo había dos de estos atuendos, las oportunidades de salir estaban limitadas.
El gran dilema de una misión tripulada a Marte: la radiación.
“Misiones marcianas”
“Lo primero que hacía cuando me levantaba en ‘Marte’ era revisar el clima y los niveles de energía”, contó en su blog Sheyna E. Gifford, jefa médica, responsable de seguridad y periodista del equipo.
Esto era lo que sentaba el tono, no sólo de su día, sino el de toda la tripulación.
“Era lo que determinaba nuestra habilidad para realizar las tareas que nos asignaban desde el centro de control de la misión”, explica.
Entonces tomaba un poco del agua que ellos purificaban en el invernadero, se aseguraba de que no tuviera alguna misión urgente y empezaba a ejercitarse.
En total, los científicos se pasaron 365 días realizando un sinnúmero de experimentos sobre crecimiento de plantas, suelos y abono y realizando constantes tareas de mantenimiento para asegurar que estuvieran funcionando todos los sistemas que garantizaban su supervivencia.

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En este tiempo no vieron a otro ser humano y sólo podían comunicarse con el mundo exterior a través de conexiones de internet que tenían 20 minutos de retraso, a fin de simular la diferencia que hay entre Marte y la Tierra.
“Aquí las apariencias no tienen mucha importancia, la moda es inexistente y la propiedad es comunitaria”, describió Gifford.
“Y todas las cosas que te gustarían hacer en un día -como comer, dormir, ejercitarte, realizar tus propios experimentos o escribir una memorias- pasan a un segundo plano”.
La prioridad de esta tripulación era asegurarse de que hubiera luz, agua potable, un techo que resistiera a tormentas, cultivos sanos que les proveyera comida y comunicación con “Tierra”.

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“Razón por la cual ninguno de nosotros tiene -al menos todavía- unas memorias escritas. Estas quedaron en el armario, detrás de las herramientas que usábamos para reparar la bomba de agua y los baños ecológicos”.
En su escaso tiempo libre, contaban con libros, películas y videojuegos.
Muestra de cabello
Quizás el experimento más importante era estudiar el comportamiento de estos humanos y su salud mental a medida que pasaban los días.
Para ello, todos los astronautas -así les llamaron durante el experimento- tenían una parte de la cabeza afeitada, que debían cortar cada vez que alcanzaba un centímetro de largo.
Con esta muestra analizaban los niveles de cortisol que ayudará a predecir qué partes de un viaje real a Marte serán más difícil de llevar y para cuales requerirá de más distracción.
Para algunos astronautas, la mejor forma de liberar el estrés que produce estar aislado durante tanto tiempo era hacer esas esporádicas “caminatas espaciales”.
“Ponerse el traje espacial era como ducharse”, comentó Jocelyn Dunn, principal investigadora del proyecto, durante la rueda de prensa que se realizó después de la salida de los falsos astronautas.
“Es un lugar privado, y el sonido del ventilador (del traje) es como el sonido del agua”, describió.
Comportamiento humano
Para los que se quedaban dentro, el domo estaba diseñado para que sus habitantes pudieran mantener el estrés al mínimo.
El espacio habitable era de 368 metro cúbicos, donde en un segundo nivel habían seis pequeños cuartos que constaban de una cama sencilla. En el área común había una cocina completamente equipada, dos baños, una ducha y una zona de ejercicio.
Además, cada astronauta contaba con laboratorio y un taller.
Esto aminoraba los roces y diferencias culturales que inevitablemente surgieron tras tanto tiempo de convivencia.
“Es como tener compañeros de cuartos que siempre están ahí y nunca puedes escapar de ellos”, comentó la comandante de la misión Carmel Johnston. “Estoy segura que muchos pueden imaginarlo”.

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Todas estas experiencias de convivencia servirán -según el astronauta Tristan Bassingthwaighte, investigador especializado en el elemento humano de un viaje espacial- a escoger a la tripulación en una futura misión a Marte.
El equipo constó de un astrobiólogo francés, un físico alemán y cuatro estadounidenses, y los resultados del estudio se darán a conocer más adelante.

Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias-37213503

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