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El juez de Control y Garantías de Santiago del Estero, asomó a un individuo a los umbrales de un juicio oral, al dar luz verde a las pruebas sobre las cuales un tribunal sellará su suerte inmediata por ultrajar sexualmente a una hija discapacitada.

Según la síntesis de la doctora Martha Villalba, del equipo del fiscal Ramón Alfonzo, hasta ese entonces padre e hija vivían solos. Los otros hijos habían formado sus familias. Con intermitencias, visitaban o llamaban por teléfono a la menor de las hijas.

En la última comunicación, la hermana mayor habló con la adolescente. Su tono no distaba mucho del habitual: fría, lacónica, cansada e inexpresiva.

Tras charlar brevemente, en teoría la joven cortó. Al instante, la hermana mayor escuchó en su aparato que el padre le exigía a la joven que se dirigiera a la pieza para “encamarse”.

Ello generó perplejidad en la involuntaria testigo. Advirtió que la línea seguía abierta. Y ello delató otro rostro, opuesto al del padre bonachón: el celular presentó a un sujeto que denigraba sexualmente y ordenaba a la hija ir “derechito a la cama”.

En media hora, todos los hermanos coparon la casa y retiraron a la víctima. Ésta les confió que hacía cuatro años que su padre la vejaba.

Era tal la perversión, que cuando la joven decía basta por estar indispuesta, él inspeccionaba sus prendas íntimas, deslizó un investigador. El personaje reside en un barrio del oeste de la capital santiagueña. (losprimeros.tv)

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